Cómo hacer buen marketing (2ª parte)

By septiembre 18, 2019Pulsaciones

Escuchando nuestro interior para conseguir una buena estrategia de marketing

En el artículo anterior os explicamos a grandes rasgos cómo crear una buena estrategia de marketing desde la visión del yoga. Con este artículo comenzaremos a desgranar aquel resumen y explicaremos por qué la primera cosa que tendríamos que hacer es escuchar a nuestro subconsciente.

¿Sabéis lo difícil que resulta para la mayoría de personas dejar la mente en silencio? es uno de los principales creadores de estrés de nuestra sociedad. ¡Cuántas veces habrás escuchado decirle a un médico que lo que le pasa a tal o cual persona es a causa del estrés! ¿Cuántos artículos habrás leído que afirman lo mismo?

Según Patanjali, el creador de los yoga sutras o aforismos en los que se basan las prácticas de yoga y multitud de disciplinas hinduistas, budistas y yainistas, toda enfermedad y conflicto con nuestra realidad es producido por la mente, que parlotea, juzga y compara todo lo que percibe con el objetivo de mantenernos a salvo el máximo tiempo posible en esto que entendemos que es la vida (irónico que pretenda ponernos a salvo y esté creando enfermedades ¿verdad?)

El sutra que revela toda la sabiduría que se desgrana en el resto de los 195 aforismos es el 1.2 que dice “El yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente”. Y he aquí en problema para la mayoría, que cree que es imposible…

Lo cierto es que llegar a silenciar la mente es fácil, ¡facilísimo! lo difícil es mantener ese silencio porque tenemos una tendencia obsesiva a analizar todo, a cuestionarnos todo, a prepararnos para todo, a estudiarlo todo…. Seguramente habréis escuchado alguna vez la frase “muerte por análisis” que viene a ser que como pienses mucho vas a quedarte paralizado, y qué mal que suena eso.

Cuando tenemos que definir una estrategia de marketing uno de los primeros obstáculos que hay que afrontar será dejar de analizar tanto para liberarnos de los bloqueos que nos provocan miedo. Sí, miedo. Y hay tantos como personas participen en los proyectos. Un director, por ejemplo, temerá no ser capaz de dirigir con eficiencia, no poder llevar el control de todos los riesgos, no tener al equipo adecuado o que su familia le reclame atención y no pueda tener éxito tanto en su vida profesional como privada.

Un responsable de equipo, temerá no ser capaz de ver todos los frentes, de no disponer de toda la información, de ponerse enfermo o de no ser capaz de lidiar con la emotividad de algún miembro de su equipo.

Un proveedor o colaborador tal vez tema no dar la talla, que su propio equipo no sea capaz de engranar con el de su cliente, que sus otros clientes “roben” dedicación al proyecto, etc.

Como veis, cada actor aportará sus pequeños miedos personales a cualquier proyecto por lo que las estrategias no deben ser sólo de negocio, de marketing, etc. Las estrategias que funcionan necesitan conectar emocionalmente y ser fuente de inspiración.

Todos los participantes de un proyecto/servicio/negocio deberán estar suficientemente emocionados con el proyecto y, para ello, no sólo deberán tener claros los requisitos técnicos y operativos o los objetivos empresariales sino también estar implicados y empatizar con su razón de ser porque sus mentes van a cuestionar todo, incluso a ellos mismos, constantemente.

Es importante que los que deciden establecer o crear la estrategia tengan claro que van a ser los inspiradores del resto, ya sea como directores de orquesta o como líderes del proyecto. Si su visión tiene lagunas, eso se multiplicará hacia otros estratos del equipo en capas no visibles al paso del tiempo.

¿Cómo podemos asegurar entonces el éxito de una buena estrategia de marketing?

A lo largo de la vida del proyecto, los líderes deberán ser conscientes del punto de partida para poder comunicárselo a todo el equipo adecuadamente y con frecuencia. Para ello, primero deberán silenciar su mente analítica para encontrar los insights emocionales comunes y motivacionales del proyecto.

Nuestra mente es un ir y venir de pensamientos, salta de un “objeto” a otro sin un ritmo consciente. A veces “nos enganchamos” a algo y parece que estemos “pensando” pero si nos damos cuenta, no suelen ser pensamientos productivos. Divagamos, constantemente. Así es la mente, más de 200.000 pensamientos diarios. Y sólo somos conscientes de unos 2.000. ¿A cuántos crees que prestas realmente toda tu atención? ¿cuán productivo crees que es esto? ¿y si sumamos a nuestros pensamientos todo lo que sucede en el mercado y lo que creemos que puede estar pensando nuestra competencia? Estrés garantizado, no sabemos por dónde empezar y entramos en un pequeño bucle de histeria. Los más aventajados superan estos instantes rápidamente pero a la inmensa mayoría esto les bloquea y frustra enormemente.

Si fuéramos practicantes de meditación, hay un punto en que al observar nuestro parloteo mental (las fluctuaciones de la mente que comentaba Patanjali) llegamos a sentir que estamos viendo una película (sin sentido ni lógica) y desarrollamos un desapego progresivo hacia nuestros propios pensamientos.

Las primeras veces que hacemos este ejercicio, solemos sentir ansiedad, angustia, tenemos sensación de urgencia, creemos que se nos ocurren ideas y sentimos el impulso de apuntarlas, nos pica el cuerpo, la nariz, sentimos muy impertinentes a las moscas que revolotean cerca… cualquier cosa nos “distrae” (esto es la mente intentando sacarte de la observación) pero el ejercicio es precisamente ese: observar todas esas sensaciones y “necesidades” como si formaran parte de una película.

Y, de repente, sin esperarlo, comenzamos a percibir micro silencios entre tanto ruido. Nuestro ejercicio comienza, han pasado 10 minutos (que seguramente para ti habrán sido una eternidad si nunca has practicado la meditación) y comprobarás cómo comienzas a jugar con tu mente. Ella intentará sacarte de la práctica volviendo a bombardearte de ruido pero ya conoces sus tretas y simplemente seguirás observando sin involucrarte, los silencios serán cada vez más frecuentes y te producirán un gran placer y descanso físico. Ahí está la clave de todo el ejercicio: poco a poco te costará menos esfuerzo “estar en paz”.

Las prácticas meditativas más exitosas comprobadas científicamente ya tienen nombre: son la meditación trascendental, el mindfullness o la meditación Vipassana. Todas tratan de ayudarte a calmar los pensamientos para permitirte no sólo recuperar tu salud sino desarrollar cualidades en ti de intuición y sabiduría tanto espiritual (esto da para otro artículo mucho más extenso) como profesional.

Al practicar la meditación, desarrollamos aptitudes de liderazgo (gestión del estrés, gestión de equipos, gestión emocional) y de visión (gestión de proyectos, planificación y consecución de objetivos) con lo que, “lo que percibimos” se transforma en convicciones, en verdades.

De modo que, y para concluir, para conseguir una buena estrategia yo sugiero comenzar con una práctica meditativa de unos 20 minutos tras los cuales volveremos poco a poco al momento presente y nos haremos las siguientes preguntas claves en voz alta:

  • ¿Por qué hago lo que hago?
  • ¿Qué me gustaría que sucediera con lo que hago?¿qué quiero conseguir?
  • ¿Por qué?

Tras cada pregunta, deja un espacio de silencio y cierra los ojos de nuevo. De tu subconsciente surgirán pensamientos, ideas, colores o imágenes que deberás anotar (o que alguien lo haga por ti mientras lo dices en voz alta). Posiblemente no tendrán mucho sentido o tal vez si, no importa. La cuestión es dejar que salgan y apuntarlas para encontrar las semillas de nuestro proyecto, lo que tirará de ti o de vosotros para seguir remando cuando vengan tempestades, lo que te dirá cada mañana por qué estás haciendo lo que estás haciendo y que te recordará hacia dónde estás navegando.

Esto es y será el pilar de toda estrategia. No es solo llegar a una cifra de beneficios, no será tener contentos a los accionistas, mantener la estructura de costes a raya o cumplir unas exigencias de terceros… si no hay un por qué “semilla” nada de eso será suficiente para que un proyecto, servicio o negocio funcione. Necesitas un cimiento que te enraíce todo y de esta manera lo encontrarás con seguridad.

Tal vez necesites varias sesiones de trabajo para llegar a algo verdaderamente relevante y suficientemente poderoso y serán exhaustas pero, una vez llegues a las claves (semillas), lo sabrás y podrás construir y defender la estrategia desde ahí. Tendrá todo el sentido del mundo para ti y para quién te escuche. Tu misión estará establecida.

Los pasos, en resumen, serían: silenciar la mente, escuchar y después, proyectar y comprobar para ajustar de nuevo y volver al silencio. Una buena estrategia es un ciclo iterativo, que mejora en cada vuelta o acción.

El siguiente paso será OBSERVAR tu entorno y mercado y lo veremos en el próximo artículo.

¿Hablamos? estoy deseando poder ayudarte a silenciar tu mente y definir tu estrategia desde las semillas adecuadas. Puedes contactarme en mariajose @ pulso-marketing.com

María José Castañer

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