Lleva tu estrategia al fracaso

By agosto 29, 2022Pulsaciones

Envidio a la gente que se cree sus propios inventos. En serio. Esos que dicen cosas tales como que todo se soluciona comunicando con amor y empatía. O que todo es cuestión de «empoderar» al consumidor, salir de la zona de confort, generar «dinámicas de innovación disruptiva», o enamorar a tus clientes, lo que toque en ese momento, y ¡zas! crecimiento exponencial.

De verdad, a veces me gustaría ser un poquito más así. Tener esa seguridad de cartón pluma, esa candidez contagiosa. Esa fe adolescente.

Yo, lo admito, sería un comercial muy flojo. Tengo una tendencia patológica a la transparencia y a la sinceridad, a dudar de todo, todo el tiempo. Sobre todo, de mis propias ideas. Especialmente de mis ideas. Juego siempre con mis cartas descubiertas, tenga la mano que tenga.

Cuando un cliente me pregunta si lo que estamos haciendo va a funcionar, no puedo evitar decirle «eso espero», «debería» o «tendremos que verlo». Ojalá pudiera decirle, «pues claro, confía en mí y pon la pasta». Cuando he estado del otro lado, del lado cliente, reconozco que me dejo seducir por la magia, tiendo a creer que de verdad puedes convertir el pañuelo en una paloma. Y así, a veces, me la han clavado hasta el fondo. Soy la peor combinación posible: crédulo como comprador y escéptico como vendedor.

Pero es que, lo siento, la magia sólo es ilusión. Y no es ninguna ventaja competitiva que pueda sostener una estrategia.

Lo voy a decir llanamente: cuesta muchísimo, y requiere muchísima suerte, conseguir resultados extraordinarios. Lo extraordinario es, precisamente, muy poco habitual. ¿Qué te hace pensar que justamente eres tú el afortunado que obtendrá el éxito donde tantos otros fracasaron? Piénsalo bien, no seas como el pavo de Taleb, que se creía el ser más afortunado de la granja… hasta que llegó el día de Acción de Gracias.

Siempre hay, al menos, cien mil variables que escapan a nuestro control, o incluso a nuestro conocimiento. Y variables que no existen ahora, pero existirán dentro de un año y que pueden hacer que todo se tuerza.

El éxito es mucho más accidental de lo que nos quieren hacer creer. En el mejor de los casos podemos provocar a la suerte, pincharle en culo para hacerla saltar. Apostar con inteligencia e intentar inclinar la balanza de las probabilidades a nuestro favor.

Pero siempre y en cualquier empresa, el fracaso es mucho más probable que el éxito. Cuanto antes lo aceptemos, antes estaremos preparados para afrontar el durísimo camino al éxito. Tu estrategia empieza el día que aceptas esto.

Tolstoi lo definió de manera magistral al principio de Ana Karenina: «todas las familias felices se parecen, pero las desdichadas lo son cada una a su manera».

Hay cien mil maneras de fracasar, y sólo unas pocas de alcanzar el éxito. Por eso, todos los éxitos se parecen, pero cada uno fracasa a su manera.

Debes saber que cuando inicias una actividad, creas un nuevo producto, un nuevo mercado, lanzas un nuevo plan… tienes muchas más posibilidades de fracasar que de tener éxito. No es, ni de cerca, una apuesta al 50% de probabilidades. No lo tendrás fácil, tendrás que remar mucho y levantarte de unas cuantas caídas.

Nadie te lo dice, porque el pesimismo tiene mala prensa, y no vende servicios. Pero es vital que, además de pensar en los motivos que te pueden llevar al éxito, pienses en todas las contingencias que te pueden conducir al fracaso. Porque son muchas más y mucho más probables.

Subestimar tus probabilidades de fracasar es el camino más directo al fracaso.

Como estrategas, deberíamos ser agoreros profesionales. Cualquier plan debería incluir un apartado de «por qué puede fracasar este plan», con decenas o cientos de los motivos, razones, y eventos que podrían convertirlo en papel de fumar. Pero me pregunto cuántos CEOs comprarían un plan así, con un catálogo de malos augurios. Nadie quiere mirar a la cara al fracaso. Más de una vez me ha dicho aquello de «piensa en positivo, no atraigas a la mala suerte». En el fondo seguimos siendo una panda de supersticiosos esperando señales divinas.

Se me está haciendo muy larga la edad media 😉

Mau Santambrosio

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