Necesitamos jugar más

Creo que necesitamos jugar más. Esto lo dice una que antes tenía un «palo en el culo» ¿eh?… En fin, cuando somos niños lo traemos de fábrica pero al crecer, vamos perdiendo el gusto por saborear las cosas a favor de seguir la norma. En marketing, esto es una losa porque hay responsables que siguen a rajatabla su plan de marketing sin darse cuenta que el contexto es cambiante. Les hace vulnerables a la volatilidad de su mercado, cada vez más rápido y fluido.

¿Recordáis o conocéis Shazam? menudo bombazo, se contagió entre dispositivos porque pasaba de boca a oreja con una rapidez pasmosa. Pareciera que jugabas a adivinar qué canción era la que estabas escuchando antes de que la app te diera la respuesta. Aunque la aplicación se creó en 2002, a día de hoy sigue siendo unas de las aplicaciones de música más descargadas para los dispositivos Android junto a Spotify. Ya en el 2011 conseguía predecir qué éxitos musicales iban a haber con 4 semanas de anticipación. Y es que sientes la experiencia con ellas como un juego.

La gamificación persigue transformar una experiencia antes monótona y/o metódica (rígida) en una de gran valor emocional y empática a través del juego. Ok, Shazam te chiva la canción que no recordabas pero es la sensación de acertar lo que es adictivo. Es como una competición pero sin el mal rollo de perder. ¿Quién averiguará antes la canción? ¿se equivocará? y si se equivoca ¿cuál creerá que es? ¿se parecerá? me descubrirá nuevas canciones, nuevos artistas. Cuando se equivoque puede que sea gracioso, retarás a la aplicación a acertar nuevas canciones, a ver quién puede más. Risas aseguradas o, como mínimo, descubrimientos nuevos.

Pero para que funcionen las apps basadas en la gamificación debe haber un tablero o espacio de juego. Un entorno seguro donde poder experimentar. Se definirán unas mínimas reglas, fáciles de seguir y aprender, y allí desvirtuaremos nuestra realidad limitante por una totalmente abierta y experimental. Las reglas de la vida se suspenden temporalmente para crear un universo alternativo en el que entramos conscientemente por voluntad propia. Con reglas diferentes, más colaborativas, que construyen un entorno seguro donde poder hacer «un poco el loco» si quisiéramos, soltarnos la melena. >> Spoiler: Al final del artículo te cuento un caso real que tuvimos con un cliente.

Se trata de darnos la posibilidad de imaginarnos un mundo, crearlo, abrirlo y entrar en él para explorarlo, saborearlo y salir cerrando la puerta con todo lo que emocionalmente te has llevado. Es como si entraras en una sala donde te llenas de sensaciones que te llenan el alma y luego sales, con las pilas cargadas of course.

Hay diez cosas que si o si debe tener un contexto de juego y que podemos llevarnos a nuestro día a día con relativa facilidad:

  1. Estar abiertos a la experimentación (actitud abierta).
  2. Disponer de dinamizadores o encendedores de la imaginación (preguntas o frases que completar que disparen la imaginación de los participantes).
  3. Elementos de apoyo para contar historias y anclar ideas (piezas de Lego, objetos de formas y colores diversos, jeroglíficos, símbolos, etc).
  4. Crear nodos entre los elementos de apoyo (mediante post-its, etiquetas, fichas, etc).
  5. Tablero de juego que defina los límites del contexto (espacio de entendimiento entre los participantes: una mesa, habitación, panel, etc).
  6. Explorar diferentes modelos a través de dibujos, fotografías o esbozos que representen una idea en su mínima expresión (estudios rápidos o exploraciones rápidas).
  7. Reformular, reordenar y crear aleatoriamente, porque no toda la información que conseguimos o creamos llega en orden.
  8. Improvisar, improvisar, improvisar (para hacer mientras se avanza y proceder sin un plan, como los músicos de jazz)
  9. Seleccionar para priorizar (para manejar un conjunto de ideas factibles podemos votar con la mano alzada, con adhesivos o clasificar las ideas en orden de prioridad).
  10. Probar desde la honestidad para errar, aprender y seguir probando. Cada vez que iteremos estaremos añadiendo capas de conocimiento al juego y a los resultados del mismo.

Estamos encorsetados, mental y físicamente. Lo veo constantemente en mis clases de yoga. Mis alumnos e incluso yo misma, nos encorsetamos por tener la cabeza llena de «deberías», «tendrías» y «hay que haceres»… Soltar los corsés mentales sueltan los físicos y si no consigues que te funcione en ese orden te recomiendo hacer el mismo camino pero al revés, es más fácil.

Juega con tus hijos, suelta los prejuicios, experimenta la euforia, la tristeza y la empatía desde el desapego, desde el presente, deja la mente en blanco y simplemente comparte el momento. Jugar con niños es un reto si no lo has hecho nunca porque te agotan las pilas en 30 minutos pero ¿sabes por qué sucede? porque estás resistiéndote a su energía creativa, porque analizas todo. Ellos no analizan nada, no desgastan neuronas haciendo un proyecto de ingeniería mental, experimentan con una conciencia totalmente presente, por eso son capaces de resolver problemas de manera creativa, porque su mente no se va a los antecedentes ni al futuro del problema.

Solo hay que hacer caso a sus pequeñas reglas para darse cuenta que la energía vendrá a ti a raudales y los juegos con ellos serán no solo nutritivos sino también instructivos. ¿Tienes un problema que solucionar en el trabajo? transfórmalo en una historia sencilla para jugar con tus hijos en la resolución de ese problema y disfruta. Te darán más ideas de las que imaginabas si les «sigues el juego».

Los beneficios de la gamificación: un caso real

Recuerdo una dinámica que hice hace unos meses con uno de nuestros clientes especialistas en ferretería industrial. Les pasé una encuesta de percepción de marca y contestaron el 95% de sus empleados. El análisis que hice de las respuestas me dio una información que quedamos en compartir en persona a la presidencia de la compañía y sus responsables de marketing y comercial. Fui con unas preguntas y un montón de post-its y rotuladores con la idea de trabajar con ellos en el análisis de sus respuestas y llegar a una propuesta de valor con la que todos estuvieran de acuerdo. La dinámica les sacó de contexto completamente, hasta el punto que llamaron al resto de empleados (¡vinieron todos!) para que participaran en ella porque supieron ver el valor del juego, porque se quitaron las corbatas para experimentar.

El resultado: una frase que actualizaba su posicionamiento y visualizaba la forma que tenían de hacer todo desde otro lugar más abierto, grande y viable. De repente, lo que hacían, cómo lo hacían, las lagunas, los problemas, las faltas de comunicación, las soluciones, las mejoras, todo cobraba sentido y se engarzaba para crear un tablero nuevo donde jugar en el mercado. Entre todos crearon un camino nuevo y apasionante para ellos. Las prioridades se definieron, las acciones a emprender aparecieron, la cohesión entre los empleados y la dirección se hizo más fuerte, la sensación de marca con un objetivo concreto se hizo realidad. Y todo a través del juego…

Deberíamos jugar más, en serio.

¿Tienes algún problema que solucionar? ¿hay algo que te ronda la cabeza y tu mente va a explotar porque no sabes cómo salir del laberinto en el que te has metido o estás? dame un toque para que juguemos, será divertido salir juntos de ese lugar en el que estás encallado para encontrar las respuestas que necesitas para tu proyecto o empresa sin pasar por la frustración. Analicemos menos y juguemos más que será más productivo. Call me! >> 930152793 😉

María José Castañer

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